17 de gener, 2008

Qué descansada vida!


Esta foto me genera una sana envidia y me recuerda los versos de Fray Luis de León:


Vida retirada
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida senda
por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido! 5
Que no le enturbia el pechode los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado. 10
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera. 15
¿Qué presta a mi contentosi soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado? 20
¡Oh campo, oh monte, oh río!¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso. 25
Un no rompido sueño,un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero. 30
Despiértenme las avescon su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno abritrio está atenido. 35
Vivir quiero conmigo,gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo. 40
Del monte en la laderapor mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45
Y como codiciosade ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura. 50
Y luego sosegadael paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo. 55
El aire el huerto orea,y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido. 60
Ténganse su tesoro
los que de un flaco leño se confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65
La combatida antenacruje,
y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía. 70
A mí una pobrecillamesa, de amable paz bien abastada
me baste, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada. 75
Y mientras miserable-mente
se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando. 80
A la sombra tendidode yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado. 85